¿Cómo te va en el trabajo?


¿Cómo te va en el trabajo? suele ser un tanto mecánica: “bien, con mucho por hacer, pero ahí vamos”. En ocasiones esta contestación es real, pero otras veces, puede esconder una realidad que vive un porcentaje importante de mexicanos: la pasión por sus actividades laborales va decayendo.

Simular que uno trabaja cuando no se tiene nada que hacer genera más estrés que la sobrecarga laboral y remite al síndrome de Boreout, que desencadena depresiones graves y es más común en las oficinas”, señala el presidente de GMSI, Alejandro Desfassiaux.

Cuando las tareas que debes realizar dejan de ser un reto surge este síndrome, y aunque los trabajadores no lo conocen con ese nombre (Boreout se traduce como algo más allá del aburrimiento),  la falta de incentivos y de claridad en funciones provoca desgano y desidia. Esto, a largo plazo, genera malos resultados, explica Patricia Noriega, psicóloga experta en reclutamiento laboral.

Existen señales de alerta, dice, refieren a un empleado que está llegando al límite de insatisfacción en su oficina.

Entre ellas: se siente ajeno al ambiente y las tareas laborales; finge estar ocupado; siente apatía por su labor (le da igual si queda bien o mal); podría terminar una actividad más rápido de lo esperado y, sin embargo, no lo hace; dedica más tiempo a situaciones personales.

Los suizos Philippe Rothlin y Peter Werder, autores del libro El nuevo síndrome laboral Boreout, recupera la motivación, establecieron este concepto con base en un estudio sobre la pérdida de tiempo en el trabajo. Según dicha encuesta -realizada entre más de 100 mil empleados- el 33% declaró que no estaba lo bastante ocupado en su trabajo y que se sentía infraexigido.

Este sondeo mostró también que, por sentirse desmotivados con su trabajo, esos colaboradores dedican al menos dos horas diarias de su tiempo en la oficina a resolver asuntos personales. De acuerdo con los autores, el Boreout se basa en tres aspectos: infraexigencia (sensación de que se puede rendir más de lo que el puesto y la empresa exigen); aburrimiento (apatía porque no se tiene o no se sabe qué hacer durante todo el día) y desinterés (falta de identificación con el puesto y la organización).

Si el lugar donde se desempeña la persona no ofrece retos ni desafía su inteligencia, se opta por buscar distractores de tiempo. Los mexicanos recurren a: navegar en Internet para chatear (58%), bajar música (57%), actualizar o visitar redes sociales (48%), escribir correos electrónicos (38%), descargar imágenes(27%), ver videos musicales (20%) y buscar juegos en línea (10%).

De acuerdo con el sondeo de la firma privada de seguridad, el promedio de horas ‘muertas’ por el Boreout en las oficinas mexicanas es de dos al día, lo que representa 40 horas inactivas al mes y genera un comportamiento extraño: quienes lo padecen suelen permanecer horas extras o postergar vacaciones para ‘resarcir’ su culpa por la inactividad.

Es común, cita el estudio, que quienes sufren de este síndrome den vueltas por la oficina con documentos (en blanco) para mostrarse ocupados (y que no se les baje el sueldo) e incluso se llevan trabajo a casa.

Si alguien no puede realizar sus tareas en el tiempo estipulado es un indicador de que algo anda mal. O quizá, no está calificado para desempeñar sus labores o éstas se encuentran por debajo de sus capacidades, menciona Desfassiaux.

La persona llega al grado de deprimirse por varias razones. La primera es sentir que su jefe no confía en él /ella para hacer una labor importante, “no son los elegidos”. Hay, por otra parte, quienes se reprochan así mismos continuar con esa labor, aunque no les agrade; sólo lo hacen por conservar el empleo o porque la paga es buena, aclara Noriega.

En momentos de crisis o cuando el profesionista tiene un proyecto en puerta (comprar un auto, por ejemplo) es común que prefieran conformarse con el desinterés laboral, a hablar de este tema con un jefe; por temor a ser despedidos o detectan que lejos de ayudarlos, este acercamiento les será contraproducente.

El problema, detalla la psicóloga, empeora con el transcurso del tiempo. La persona se siente mal en su trabajo, pierde el tiempo (incluso en forma inconsciente) y en lo personal, sus relaciones se dañan. “Llegan al grado de molestarse si se les pregunta por el trabajo, quieren dormir en exceso, o gastan para compensar el desagrado de su vida laboral”.

Rendimiento, a la baja

Estar apático en el trabajo de forma permanente, no sólo perjudica al empleado al generar aversión por lo que hace. También implica gastos a la empresa por permanecer más horas de las planeadas en el lugar y generar un mal ambiente.

“No se han cuantificado los costos de este síndrome en el trabajo, pero tiene una incidencia de al menos 8% en el atraso de proyectos cruciales. Además, se relaciona con la nula presentación de nuevos planes productivos y se identifica con continuos frenos al cumplimiento de metas. Es uno de los ‘ladrones’ fantasma en la oficina”, afirma Desfassiaux.

De acuerdo con el directivo, otro problema de este síndrome es que quien lo padece ‘contagia’ a sus colegas, quienes podrían sumarse a las manifestaciones de aburrimiento o desinterés. Este problema es más común en organizaciones que tienen nula o poca capacidad de supervisión, donde no se alienta la creatividad laboral y a los jefes se les dificulta delegar.

Para Patricia Noriega, una alternativa para no caer en esta situación es platicar con los jefes cuando empieces a sentir que el trabajo ha caído en la rutina. Pero, “no se trata de llegar en plan de reclamo, sino con actitud de propuesta, de querer desempeñar otras tareas. Funciona dar una idea de cómo se puede dar un giro a lo que se hace”. Lo mejor es tener una plática personal, no hacer estas propuestas por correo o en ‘radio pasillo’, aconseja la especialista.

Si la situación no mejora, añade, hay que proponer la posibilidad de pedir un cambio de área o buscar un nuevo trabajo, antes de caer en la total apatía.

En términos generales, el Boreout lo padecen tres hombres por cada mujer, mayoritariamente en edades entre 18 a 25 años. Las profesiones más propensas a padecerlo son las creativas, pero restringidas a trabajos rutinarios, como abogacía, periodismo, arquitectura, arte y similares, señala el informe de GMSI.

 

 

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