Descubre tu personalidad en la oficina


Un ejemplo, las personas que se quejan todo el día de su cargo, critican frecuentemente a la compañía y les molesta trabajar en equipo, probablemente sienten que el problema es de los demás. “Un área de recursos humanos podría pensar que esas actitudes hablan de un colaborador problemático, que no está a gusto en la organización o está frustrado con su actividad laboral”, menciona la especialista en psicología laboral adscrita a la UNAM, Eugenia Espinoza.

Este tipo de personas, agrega, suelen exigir demasiado pero, al momento de comprometerse, dan lo estrictamente necesario para cumplir con el trabajo asignado, sin pensar en cómo generar una propuesta diferente, con más valor. Son trabajadores que “tal vez podrían funcionar mejor laborando desde casa, porque no les gusta aceptar recomendaciones de alguien más. Pero, quien no está dispuesto a ser flexible en su ambiente laboral, no suele estar en la mira de los jefes para crecer en esa oficina, sea de planta o como externo”.

La situación de trabajo que se vive actualmente, agrega la especialista, se presta a que un empleado “pueda tener la sartén en su mano”, es decir, que sus quejas de sobrecarga laboral y horarios extenuantes son reales; es cierto, hay más trabajo con menos gente. Sin embargo, a veces el propio colaborador genera, con su actitud, que la atmósfera se dé en cierta manera.

En las oficinas se identifica, en general, a dos tipos de profesionistas: el comprometido y el indiferente, según Jonathan Coleman, examinador de la firma Gallup en Estados Unidos. El primero llega a desarrollar una conexión fuerte con la organización y, aunque haya ciertos obstáculos, siente pasión por lo que hace. Gusta de interactuar con sus compañeros y se motiva.

“Es un perfil común en quienes están comenzando trayectoria en una compañía, en egresados y en quien tiene bien definido el área donde le gustaría crecer laboral y personalmente, aun cuando hay dificultades en esa oficina. Por el contrario, están aquellos que la desmotivación les gana, pues están en un puesto que les deja para pagar las cuentas, pero no los apasiona, y eso se nota en el trabajo”, dice Espinoza.

Un empleado no comprometido es la típica imagen de una persona que puede ser bueno en lo que hace, pero sólo cumple con los procedimientos establecidos. Son quienes piensan: lo que no se termina en el trabajo hoy, se comenzará un día después a primera hora, y “así va su vida”; sin luchar por innovar, refiere Coleman, en un artículo para el sitio de noticias examiner.com.

También están, según el analista de Gallup, los “activamente desunidos”, esto es, quienes cumplen sus actividades laborales, pero están “desconectados” de lo que sucede en su empresa, y regularmente están en busca de un nuevo empleo.

En esos casos, la vida del profesionista se torna miserable, no sólo porque le molesta ese trabajo, sino porque pasa el día recordándolo, y cuando otro compañero logra un éxito intenta debilitarlo. Si la única razón por la que todavía estás en ese empleo es porque no te han despedido, entonces eres “activamente desconectado”, puntualiza Coleman.

Esos son tres ejemplos claros de lo que puede verse a tu alrededor, en la oficina. La clasificación, sin embargo, es más extensa. La revista Forbes elaboró una lista de diversos tipos de empleados, de acuerdo con una investigación de la especialista en comportamiento organizacional, Lynda Dahkle. A continuación, algunos perfiles comunes en las empresas.

1. Manipulador. Es el profesionista que cree que todo gira alrededor de él o ella, pero carece de un buen nivel de proactividad y se le dificulta desarrollar relaciones de confianza con sus compañeros e, incluso, jefes. Suelen ser agradables (muy buenos para ventas) aunque siempre quieren sacar provecho a su favor de las situaciones.

2. Perfeccionista. Vive con reloj en mano, es decir, le interesa que todo funcione a su ritmo y está al pendiente hasta del último detalle en cada cosa, porque teme perder el control y el poder. Esa falta de capacidad para delegar y el intento por tratar de estar en todo, los hace solitarios y malos líderes de equipo.

3. Me llaman ‘desafiante’. A este empleado lo caracteriza su potencial, no tiene problemas en asumir nuevos retos, aunque quizá funcione mejor para proyectos que requieren independencia y menos trabajo en equipo. Para este tipo de profesionista, las tareas se convierten en “desafíos” que quieren cumplir sea cual sea el precio. Funciona como líder, aunque debe recibir asesoría para que se le facilite la interacción con quienes lo rodean.

4. Irresponsable. Se comporta como niño (a). La clave para lograr que dé los resultados esperados, es descubrir qué lo motiva. Una vez que haya encontrado el incentivo, necesita supervisión continua para que cumpla con los compromisos en la forma y el tiempo acordado.

5. El Psicoanalista. La palabra define parte de su esencia; se distingue por estresarse ante cualquier problema. Son personas que ante un cambio en su modelo de trabajo tardan más en entregar sus resultados y se conflictúan. “Este es un tipo de trabajador que no desenvuelve bien en los ambientes bajo presión, lo cual es algo común hoy en día. Así que posiblemente escapan de los puestos de jefatura, o hay que hacer coach con ellos para que pierdan sus temores”, explica Espinoza.

6. Véanme ¡ahora! Como su nombre lo dice, son los profesionistas que se caracterizan por querer llamar la atención, pero no por su labor, sino por cómo visten, hablan y socializan con los compañeros del equipo. “Aquí el papel de Recursos Humanos es hacerle ver que, si bien no es cuestión de lucir bien o mal, la empresa tiene un código que debe cumplirse. Y hay que hacerlo, o el ambiente se presta a que los compañeros comiencen con rumores”, añade la psicóloga laboral.

7. Pragmáticos. Es personal con mucha iniciativa, pero no se percata que algunas de sus acciones son dolorosas para el resto de sus compañeros, sea por la manera de comunicarse o por actividades que pueden molestar a los demás.

8.- El tardío. Este profesionista, lejos de percatarse que la puntualidad es básica, cada vez llega más tarde a la oficina inventando varias excusas, y una cada vez más irreal que la anterior. Hay que advertirle sobre la importancia de la puntualidad “aunque como jefe también tienes que asumir que si un empleado cumple su horario y da buenos resultados, hay que respetar su tiempo de salida”, expresa Eugenia Espinoza.

Otro patrón recurrente es el que “trabaja y trabaja, sin importar lo que sucede a su alrededor. Llega al grado de olvidarse o no saber el nombre de otros compañeros de oficina. Son muy entregados, aunque la falta de sociabilidad puede resultarles contraproducente”.

La psicóloga laboral menciona, también, a los que se dedican a destruir la reputación de la gente de oficina o acaban con la proactividad de los demás, de tanto quejarse. Y están los “sólo trabajo”, aquellos que no quieren darse a notar, terminan sus laborales y se retiran, es claro que en esos casos no se les puede colocar en puestos que requieran liderazgo, puntualiza la especialista.

Y ¿tú, con qué tipo de empleado te identificas?

 

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